Nicolás Ortiz
La madera de la mesa de juntas de la firma siempre me había transmitido una sensación de orden y control. Hoy, sin embargo, se sentía como una superficie fría que solo lograba irritarme la piel.
Me acomodé el nudo de la corbata con un movimiento seco, sintiendo que el aire de la habitación no era suficiente. No había dormido más de dos horas. En cuanto cerraba los ojos, el aroma de Isabel me quemaba la memoria, seguido inmediatamente por la imagen de Sofía apareciendo en el pasill