Nicolás Ortiz
El destello de los flashes de la prensa golpeó el parabrisas tintado del coche en cuanto Mendoza frenó frente a las escaleras del Palacio de Justicia. Afuera, los reporteros se amontonaban como buitres, buscando la declaración que hundiera a la firma.
En otro momento, me habría tomado un segundo para analizar el panorama, pero en ese instante, lo único que ocupaba mi mente era la rigidez de mi propio cuerpo y la presencia de la mujer sentada a mi lado. Isabel mantenía la vista fij