El polvo de obsidiana todavía cubría los jardines del palacio como una nieve negra y amarga. Habían pasado tres semanas desde que Julian Vance detonara su brazo de cristal para expulsar al Vacío. Tres semanas desde que la Malla Imperial, esa red de control absoluto, se desintegrara, dejando a Argentia Magna sumida en un silencio al que nadie estaba acostumbrado.
Julian estaba sentado en el borde de su cama, observando el muñón de su hombro izquierdo. La carne había cerrado, pero la piel estaba