55. Ceder al abismo
Verla allí, inmóvil y sorprendida, lo hizo vacilar. Pero cuando la arrastró contra su cuerpo, inhalando su aroma como un adicto, supo que no podía detenerse. Fue muy consciente de su tensión y su falta de respuesta, pero aun así, susurró contra sus labios:
—Siento haberme comportado como un bastardo. —Consciente de lo huecas que sonaban sus palabras.
No era cierto. Lo que sucedió no le provocaba arrepentimiento; decidió que la tendría, sin importar el precio y lo hizo. Pero la noche de la cena