37. Tiempo robado
Nathan entró a su habitación con paso cansado. La necesidad de una ducha urgente pesaba sobre sus hombros, pero los persistentes reclamos de Liz le impedían concentrarse en algo tan simple. Todo había estallado cuando ella lo escuchó mencionar el cargamento de armas rusas programado para esa noche.
—Quiero ir contigo al muelle —insistió ella por enésima vez, mientras lo observaba desvestirse—. Si voy a ser parte de esto, necesito aprender cómo funciona todo.
—No hasta que cambies tu apariencia