22. Terreno peligroso
Elizabeth contempló lo lejos que estaban las luces de la ciudad desde la terraza mientras Samuel le servía más vino. El aire fresco de la noche acariciaba su rostro, trayendo consigo el aroma de los jazmines del jardín, pero a pesar del buen momento, no pudo evitar un suspiro desganado.
Ya tenían horas intercambiando risas y anécdotas con personas en común, pero a Liz le parecía demasiado extraño que no la interrogara en absoluto. Así que, después de un rato de conversación ligera, decidió pre