125. El último acto
La noche había caído sobre el jardín, envolviendo la casa en un silencio interrumpido solo por el suave murmullo de los grillos. Nathan permanecía en la terraza, observando el líquido ámbar en su copa de whisky que reflejaba las estrellas.
Desde el interior llegaba la voz de Ana leyendo un cuento a Emma, salpicada por las risas ocasionales de la niña que resonaban como pequeñas campanadas de plata.
El aire fresco de la noche acariciaba su piel, trayendo consigo el aroma dulzón de las flores no