La tensión en el cuerpo de Alexander era imposible de ignorar.
Yo seguía sobre su regazo, pero ya nada era igual. El momento se había roto. La magia se había esfumado con solo escuchar ese nombre.
Denisse.
No sabía quién era… pero estaba claro que significaba algo.
Me bajé de su regazo.
Alexander levantó la vista hacia mí.
—¿Qué pasa?
—Nada —respondí, acomodándome la ropa con calma—. Ve.
Frunció el ceño.
—Anastasia…
—Tienes visita —dije, encogiéndome ligeramente de hombros.
Él me observó unos