El silencio después de la tormenta nunca es real.
Siempre hay algo que queda latiendo debajo.
Los hombres de Alexander se movían por la finca asegurando el perímetro, revisando cuerpos, confirmando bajas. El aire olía a pólvora y tierra húmeda. A sangre. A guerra.
Pero nosotros…
Nosotros habíamos ganado.
Lucas seguía abrazado a mí como si temiera que fuera a desaparecer si me soltaba. Yo no lo soltaba tampoco. Mika estaba pegado a Alexander, escondiendo el rostro en su pecho.
Respiré hondo, lle