Una media luna...
Su instinto había fallado o esa niña tonta no tuvo el valor de invadir los terrenos de Magrini.
Atado con cadenas invisibles la frustración se incrementaba en su pecho, como fue capaz de mostrarle el camino a Azahara.
No soportaba un minuto más sin saber en qué condiciones estaba. Tenía que encontrar la manera de salir de ahí o hacerla venir.
—¡Bastian!— la locura estaba llevándolo a imaginar voces, Rebeca subía las escaleras gritando con desesperación —¿Bastián?
—Debe estar en mi habitación, s