Un ardor comenzó a incendiarlo desde la punta de los pies hasta el ultimo centímetro de su cabello.
Frente a sus ojos, al alcance de su garras estaba el ansiado premio de su venganza, no pidió explicaciones ni saco conjeturas, era la hija de Magrini era el mayor tesoro de ese asesino, tal y como Elisa era su preciado tesoro.
Salto delante desgarrando su piel, cayó sobre sus cuatro patas agitando la polvorosa tierra del bosque. Un tonelada de carne huesos y hermoso pelaje blanco, un ser etéreo c