Ginevra Giovanni
La prueba estaba sobre la mesa. Había colocado las gotitas de orina hacía ya mucho tiempo, pero no me atrevía a tomar la prueba y revisarla ya pasados los quince minutos.
Mi mano temblaba descontrolada y solo pude meterme otro pedazo de chocolate a la boca para controlar los nervios. El azúcar no lograba disipar el sabor amargo de la incertidumbre que se instalaba en mi garganta. Era ridículo, solo tenía que levantar la pequeña cosa y confirmar o negar lo que estaba sospechando