No sabía qué más decirle a Marius; no podía soportar la mirada asqueada e incrédula que me dirigía. Quería llorar, quería patear el rostro hinchado de Tristan en el suelo y obligarlo a contarme todo sobre mi pasado, pero sabía que moriría antes de revelarme algo que no fuera por voluntad propia.
Tragué en seco y no miré a Marius; en vez de eso, me volví hacia Tristan e intenté ayudarlo a ponerse de pie.
Podía oír la respiración entrecortada de Marius, podía sentir su mirada cortante clavada en