Horatio revisó los documentos en su mano, sintiéndose más y más asqueado conforme pasaba las páginas. Después del último informe que Rivera le había entregado sobre Gerardo, creyó que ya nada lo sorprendería, pero estaba equivocado. Las porquerías de Gerardo y Lando no parecían tener límites.
Se iba a asegurar que Isla no viera aquella información, ella no necesitaba saber para el monstro que había trabajado. Horatio se había dado cuenta que no haber podido hacer nada para detener a Gerardo hac