Isla salió de sus pensamientos al sentir un apretón en sus manos. Dejó de mirar por la ventana del auto y giró la cabeza para ver a Horatio.
—¿Todavía quieres hacer esto?
—Por supuesto —respondió, determinada.
Necesitaba ver a Cinzia y cerciorarse de que no existía ninguna posibilidad de que pudiera volver a hacerles daño. Había tratado de actuar como si todo estuviera bien ahora que Horatio estaba a salvo, pero algunas noches todavía se despertaba asustada.
Horatio no entendía muy bien porque