—¿Horatio? —lo llamó Gio.
Horatio tenía los ojos cerrados mientras intentaba concentrarse en su respiración para no pensar en el dolor en su vientre.
Cinzia había cumplido su amenaza. Aunque era una verdadera suerte que ella no tuviera idea de cómo disparar porque estaba seguro que su objetivo era darle en la cabeza.
—Horatio —insistió Gio, un poco más alto.
—Deja de gritar —abrió los ojos con más esfuerzo de lo normal—. Puedo escucharte. Fuerte y claro.
—Maldito idiota.
Su primo tomó la s