Horatio despertó bastante desorientado, en una habitación oscura.
—¡Maldición! —gimió al sentir dolor en la parte de atrás de su cabeza. Intentó llevar una de las manos hasta allí, pero sus manos estaban sujetas detrás de su espalda, a lo que dedujo era una silla—. ¡¿Qué rayos?!
Se tomó su tiempo para recordar lo que le había sucedido. El dolor incesante no le puso las cosas nada fáciles. Entonces, los recuerdos vinieron a él en un torrente de imágenes. Cinzia, la persecución y el golpe que hab