Horatio se lavó las manos y salpicó agua en su rostro. Podía sentir sus músculos agarrotados y su mente algo confusa, quizás por los golpes que había recibido. No estaba, ni de cerca, preparado para escapar, pero no sabía si podría tener otra oportunidad.
Se dio la vuelta y miró a Cinzia que seguía de pie en la puerta apuntándole con el arma. No era difícil deducir, por la manera como la agarraba, que no estaba familiarizada con una y eso era aún más peligroso. Ella podía dispararle por error.