Isla intentó, en vano, quedarse dormida, pero cada vez que cerraba los ojos lo único que podía ver era el rostro de Horatio.
Las lágrimas se detuvieron en algún momento durante la madrugada y fue cuando comenzó a ir entre la vigilia y períodos cortos de sueño. Se despertó constantemente sobresaltada y buscando a Horatio a su lado.
Cuando las primeras luces del día asomaron entre las cortinas, Isla no pudo permanecer más tiempo en cama. Tomó una ducha helada para despejar su mente y se vistió.
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