18

—Aquí, Trina —susurró él, con voz ronca—. Aquí, no hay reglas. Solo nosotros.

Él le rozó la mejilla con la mano, acariciando su piel. Trina cerró los ojos, y notó una descarga eléctrica por todo el cuerpo. La pasión contenida durante el día estalló.

Él la besó, un beso pausado que le hizo perder el aliento. Trina respondió con la misma intensidad, aferrándose a su cuello, con los dedos en su pelo. Su boca era una mezcla de vino, perfume y algo salvaje que la hacía temblar.
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