Todo era demasiado surreal, Ava estaba de pie frente al espejo de su cuarto, a punto de colocarse su pijama, sus dedos rozaban con cuidado el vendaje blanco que cruzaba la parte superior de sus senos, y es que el médico había dicho que no era una quemadura profunda; el café no estaba hirviendo, la temperatura era “casi ideal”, se había permitido bromear, pero aun así, debía llevar el vendaje unos días, para evitar el roce de la ropa, y aplicar la pomada dos veces al día para que no quedara marc