Georgina, aunque más tranquila, aún sentía el peso de la culpa. Miró a los presentes, notando la sinceridad en sus rostros, pero no pudo evitar sentirse indigna de su compasión.
—No quiero ser una carga para ustedes —dijo en voz baja, evitando el contacto visual—. Ya han hecho mucho por mí, y sé que no merezco su compasión después de todo lo que he hecho.
Verónica le apretó la mano con más fuerza, su mirada firme y llena de determinación.
—Georgina, entiendo lo que sientes. Yo también fui engañ