La sala de espera del hospital estaba en silencio, solo interrumpido por el zumbido de las luces fluorescentes. Caro e Ismael se sentaron en un rincón, observando a Georgina, quien mantenía la mirada fija en el suelo. El embarazo complicado la había dejado agotada, tanto física como emocionalmente. A pesar de todo, sabía que tenía suerte. Las mismas personas a las que había lastimado estaban allí para apoyarla.
Caro rompió el silencio, su voz suave pero firme.
—Georgina, sé que esto es difíci