Aria tenía razón. Y no podía dejar que mi sueño me quitara la cordura que aún existía en mí. Furioso, salí de mi departamento y me fui a dormir a la casa de mi padre. Por suerte, él y Grecia se habían ido.
Me desperté a las siete de la noche. Dothy todavía tenía sueño cuando la recogí y caminamos hacia el auto, listos para regresar a nuestra casa.
Tan pronto como salí frente a mi edificio, pregunté:
- ¿Qué tal si cenamos pizza, Dothy?
Me lamió la mano y lo tomé como un “sí”.
Subimos en ascensor