Despertó en medio de una apretada oscuridad. Eso agitó los miedos de Tania y la hizo recordar los días en que las monjas la encerraban en cuartos herméticos luego de haber hecho una trastada, dominada por sus arranques de ira.
El corazón comenzó a bombearle, nervioso, así que intentó ponerse de pie, pero las cadenas que tenía alrededor de sus muñecas se lo impidieron.
—¡Nooo! —gritó e intentó romper los eslabones, siendo imposible.
No solo descubrió que estaba encadenada de manos y pies, sino q