Capítulo 63

Tania seguía recostada en la cama, esta vez, boca arriba. Miraba con ansiedad y melancolía el techo.

Se sentía tan deprimida que cada hueso del cuerpo le dolía, hasta le costaba respirar.

Lucas entró en la habitación y se ubicó a su lado, acariciando con dulzura su rostro con el dorso de un dedo.

Tuvo que apretar los labios al ver los ojos de la chica hinchados por el llanto y sus mejillas aún húmedas.

—Eso no volverá a pasar —dijo con voz ronca, afectado por la ira.

—Pasará siempre. Soy un mon
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