Simulaba dormir con la profundidad de un bebé. Gracias a eso las personas que habían entrado en la cabina del camión durante el viaje apenas la molestaron. Evaluaban sus signos vitales y se marchaban. Solo uno se atrevió a tocarla de más, alzando sus párpados para revisar sus pupilas con una linterna delgada.
Le costó controlarse para no arrancarle la cabeza en el momento en que él se había inclinado sobre ella. Si demostraba que había recuperado parte de sus capacidades, estando aún encadenada