Se detuvieron en un restaurante de carretera, con intención de cenar algo. Lucas pidió varias cosas y se apartaron a una mesa retirada.
Tania comía como un animal hambriento, con grandes bocados que tragaba casi sin masticar. Él la observaba con atención, con una pequeña sonrisa en los labios. Disfrutaba del espectáculo.
—¿Es todo lo que vas a comer? —consultó ella con la boca llena, al ver que solo había tomado una hamburguesa. El hombre aumentó la sonrisa.
—Sí. Desayuné suficiente esta mañana