El silencio entre ellos aún flotaba en el aire cuando subieron las escaleras. Ninguno de los dos dijo una palabra. La casa reposaba en una quietud absoluta, y cada movimiento parecía demasiado pesado, como si incluso el aire entre ellos temiera romperse.
Liam abrió la puerta del dormitorio y esperó a que ella entrara primero. El ambiente entre ambos era denso, cargado: ese tipo de silencio que contenía todo lo que aún no lograban decir.
Olívia caminó hasta el centro de la habitación y se volvió