Olivia se arrojó a sus brazos. Una de sus manos se aferró con fuerza a la espalda de André, mientras la otra sujetaba su brazo.
El llanto estalló de golpe.
Intenso.
Descontrolado.
Como si todo el esfuerzo que había hecho por mantenerse en pie terminara en aquel abrazo.
André la rodeó de inmediato. Una mano sostuvo la parte posterior de su cabeza y la otra se apoyó en su espalda, limitándose a sostener el peso de aquel cuerpo que parecía derrumbarse.
—Eh... eh... —murmuró con voz baja y serena—.