Olívia contuvo la respiración por un instante, porque… él tenía razón.
—¿Cómo lo sabes?
—Por la forma en que miras la fiesta… y no a las personas —su tono era seguro—. Escuchas, observas… pero no te lanzas. Hay un tipo de romanticismo escondido ahí —dijo, con los ojos fijos en los de ella—, y eso te vuelve más difícil… y más interesante.
Ella apartó la mirada rápidamente, no porque sintiera vergüenza, sino porque supo que, si lo miraba dos segundos más, podría confesar secretos que ni siquiera