Cuando por fin se separaron, Ísis sostuvo el rostro de su amiga entre las manos. Sus ojos recorrieron cada uno de sus rasgos. Entonces su expresión cambió. La preocupación apareció de inmediato.
—Estás agotada... —murmuró en voz baja mientras su pulgar acariciaba la mejilla de Olivia. Los ojos volvieron a llenársele de lágrimas—. Muy agotada. Más delgada. Dios mío, amiga... —La garganta se le cerró—. ¿Qué te pasó?
Olivia desvió la mirada de inmediato.
—Nada.
—No me mientas. —Ísis negó con la ca