Edgar soltó una risa baja mientras negaba lentamente con la cabeza.
Laura entrecerró los ojos de inmediato.
—No te rías. —advirtió, intentando mantener una expresión seria—. Estoy siendo una esposa hipotéticamente traicionada.
—¿Hipotéticamente? —repitió él, incapaz de ocultar la diversión que se reflejaba en la sonrisa que insistía en aparecer.
—Sí. Porque, siendo realistas, eres incapaz de engañarme. —respondió con la mayor naturalidad del mundo.
Edgar ya no pudo contener la sonrisa.
—Pero au