Laura humedeció los labios y se inclinó. Edgar soltó un gemido bajo cuando ella lo envolvió con el calor y la humedad de su boca. Mantuvo una mano en su cabello, guiando los movimientos con delicadeza, sin forzarla.
—Así... despacio... —la elogió con voz ronca, los ojos entrecerrados por el placer—. Esa boca fue hecha para mí. Mira cómo consigues ponerme duro solo con ella.
Los movimientos eran lentos y rítmicos. Edgar no apartaba la mirada de ella, alternando caricias en su rostro con suaves t