Laura apoyó la toalla sobre la cómoda antes de volver a mirarlo.
—Estoy bien, Nego.
Edgar se detuvo frente a ella y le sujetó delicadamente la cintura. Su mirada cambió de inmediato. Más preocupada. Más de marido.
—¿Estás sangrando mucho?
Laura negó despacio.
—No. Es normal.
Edgar asintió apenas mientras sus dedos acariciaban suavemente el costado de su cintura por debajo del camisón.
—Recuéstate para mí.
Laura arqueó una ceja al instante. La comisura de sus labios se elevó con picardía.
—¿El d