Ella apoyaba la espalda contra las piernas de su marido mientras Liam le sujetaba una mano con firmeza.
El doctor Luiz se colocó entre sus piernas.
—Cuando venga la contracción, empuja hacia abajo. ¿De acuerdo?
Laura asintió llorando.
La siguiente contracción llegó.
Ella gritó.
Empujó.
Las venas de su cuello se tensaron.
Pero nada.
Otra contracción.
Más fuerza.
Más dolor.
E Isaac seguía sin descender lo suficiente.
Laura empezó a llorar desesperada.
—Ya no puedo más...
La cabeza cayó hacia atrá