En algún momento, Laura consiguió dormitar unos minutos. Edgar permaneció sentado junto a la bañera, observándola en silencio.
Y Liam se quedó un poco más apartado, en la habitación.
Callado.
Pero atento.
Eran casi las dos de la madrugada cuando Laura volvió a la pelota. Esta vez rebotaba lentamente mientras respiraba hondo entre una contracción y otra.
La habitación estaba más silenciosa ahora. Las luces tenues le daban a todo un aire demasiado íntimo para aquella larga madrugada.
Edgar y Liam