Laura soltó una breve carcajada, cruzándose de brazos mientras negaba con la cabeza hacia su marido.
— De verdad que eres un payaso, doctor. — respondió, con ese brillo afilado y divertido en la mirada. — Hay un hombre aquí que quiere pasar el próximo mes durmiendo en el sofá… bajo observación… hasta que nazca el bebé.
Edgar abrió los ojos de inmediato y levantó las manos en señal de rendición.
— No digas eso ni de broma, mi amor. — dijo, acercándose a ella con falsa seriedad. — Hay palabras qu