Elisa no respondió de inmediato. El pecho subía y bajaba con más fuerza, y los dedos se cerraron con tensión a los lados del cuerpo antes de que alzara el mentón y sostuviera la mirada de su hermana.
—Todo lo que hice fue para salvar la vida de mi hija. —La voz salió firme, a pesar del nudo en la garganta.
Érica soltó una risa baja, sin humor. Cruzó los brazos, dejando que la mirada recorriera a Elisa de arriba abajo con un desprecio casi elegante.
—Siempre tan dramática… —murmuró—. Siempre con