Casi una hora después, Ísis salió del baño. El cabello todavía húmedo, recogido de cualquier manera, y el rostro seguía abatido… pero algo había cambiado en ella. Un mínimo rastro de presencia. Como si, durante esos minutos, el agua caliente hubiera logrado alejar el dolor del cuerpo, aunque no hubiera alcanzado el alma.
Se detuvo al ver la bandeja sobre la cama. Laura ya estaba sentada, acomodando la almohada detrás de la espalda, y la miró con esa forma directa, casi autoritaria, pero cargada