Liam no respondió. No la miró. Dio dos pasos firmes hasta Charles y lo agarró del cuello de la camisa con la fuerza suficiente para dejarlo sin reacción.
—Aléjate de mi esposa —dijo, con la voz baja, fría, sin un solo rastro de emoción—. Esto no es una advertencia. Es una orden.
Charles intentó decir algo, pero Liam se inclinó lo justo para que solo él lo oyera.
—Felipe no mató a tu padre… —continuó, en un tono todavía más helado— …pero yo no soy como él.
Soltó a su primo de golpe. Charles perd