Alex soltó una risa baja, como quien entendía perfectamente el intento de ella por cambiar de tema.
—Vamos —dijo simplemente.
De vuelta a la mesa, los platos empezaron a llegar. La presentación era impecable. El aroma envolvió el espacio entre ellos, cálido e invitador. Comieron despacio, conversando entre bocado y bocado. Risas contenidas, anécdotas sueltas, provocaciones sutiles que iban y venían con naturalidad.
Alex estaba completamente relajado, recostado en la silla, hombros sueltos. Isis