Era casi mediodía cuando el ascensor del hospital se abrió.
Liam salió primero.
El traje oscuro, impecable, contrastaba brutalmente con la mirada dura y cerrada, como si todo el mundo a su alrededor hubiera dejado de existir. Los hombros estaban tensos, la postura demasiado rígida para alguien que acababa de llegar de una luna de miel.
Olívia caminaba a su lado, acompañando cada paso, sintiendo la tensión irradiar de su cuerpo como electricidad a punto de estallar. El silencio que él cargaba er