Alex acercó el rostro, sin tocarla.
—Entonces dame una oportunidad —dijo en voz baja—. Solo una, para que te muestre quién soy. Para que veas que no estoy jugando.
Ísis sintió el pecho oprimirse.
—Alex… —murmuró, con la voz quebrada—. Aún no he olvidado a mi marido.
La mirada de él se suavizó.
—Lo sé —dijo con calma—. Y nunca lo olvidarás. —Su mano descendió hasta el brazo de ella, con una caricia respetuosa—. Y tampoco quiero que lo olvides. Él fue parte de tu vida. —Respiró hondo—. Por la for