De vuelta a la fiesta, la primera persona que vio fue Victor. Lo abrazó con fuerza.
—Vic, ya me voy. Por favor… no olvides lo que me prometiste. No te metas en otro problema. Cuida de mamá y de papá —murmuró ella, con la voz quebrada.
Victor se pasó la mano por el pelo, intentando sonreír para tranquilizarla.
—Tranquila, Liv. Ya no estoy jugando. Voy a echar de menos tus regaños por la mañana. Vas a ser feliz… porque te casaste con un buen tipo. Te amo —dijo, sin saber el torbellino que ella ll