Olívia se apoyó con un codo en la barra, sintiendo el alivio de quitar un poco el peso de los pies. El barman se acercó casi de inmediato.
—¿Qué te sirvo?
—Un agua sin gas, bien fría —pidió ella—. Vaso grande, por favor.
Él asintió y se dio la vuelta para prepararla.
Entonces lo sintió.
Esa sensación tan específica. El peso de una mirada fija en ella. Una mirada que no disimulaba.
Giró el rostro despacio.
A su lado, un hombre alto, fuerte, atractivo, camisa negra ceñida delineando el pecho, bar