El beat electrónico vibraba por el suelo de la discoteca como si tuviera vida propia, subiendo por las piernas y el pecho de quienes cruzaban aquella puerta. Las luces LED cortaban el ambiente en haces de color, alternando rosa, azul y violeta, lanzando reflejos hipnóticos sobre los cuerpos que se movían al ritmo de la música.
En cuanto las tres entraron, Ísis alzó las manos, ya riendo, ya vibrando, completamente energizada por el clima a su alrededor.
—Gente… —dijo, llevándose la mano al pecho