Liam alzó la mirada despacio, como quien elige cada reacción. Y, detrás de la postura fría, apareció un rastro casi imperceptible de vulnerabilidad que borró demasiado rápido.
Alex siguió sin rodeos.
—Para mí siempre estuvo muy claro lo que sientes por Olívia. Pero tienes que decidir si vas a asumirlo o seguir huyendo —dijo, con la voz firme—. Estás enamorado de tu esposa. Y es evidente. Hasta un ciego lo notaría.
Liam respiró hondo, la mandíbula se contrajo, pero mantuvo el tono controlado, pu