Raquel se detuvo frente al escritorio de Ana, su secretaria, que solo la observó mientras esta resoplaba con cansancio.
—¿Tenía alguna cita para hoy?
Preguntó Raquel con voz tenue con la ausencia de la sonrisa que todos los días le brindaba a Ana.
—¿Eh?… Sí, sí, era con el señor Castro, para hablar sobre los detalles de su línea que lanzara en unas semanas.
—Cierto.
Raquel se frotó su frente un poco estresada porque, de no haber llegado tarde ese día, podría haber cumplido con su agenda sin