EPILOGO.
Samuel observó lo hermosa que esa noche lucia Raquel, suspiró profundamente, sabiendo lo mucho que había echado de menos los ojos castaños de esta.
—La conocí después de irme y es una buena mujer, tuvimos una pequeña niña, ahora tiene 4 años.
—¡En serio…! Qué gusto, mi hijo tiene 3 años y es un huracán.
Samuel resopló un poco al ver la sonrisa dibujada en los labios de Raquel al pronunciar a su hijo.
—Tenía muchas ganas de verte, sé que tu empresa está en el mejor momento en el mercado.
—Gracias